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Mujer en una bicicleta eléctrica en movimiento

Con nuevas ciudades adoptando programas de bicicletas compartidas cada año a lo largo y ancho del mundo, el sector de las bicicletas compartidas y de la micromovilidad en general está creciendo a un ritmo exponencial. Es posible que hayas visto un sistema con estaciones de bicis compartidas, e-scooters o e-bikes en una ciudad o incluso en un campus que hayas visitado. De hecho, la micromovilidad se está convirtiendo en una estrategia integral en lugares como Francia, España, Reino Unido, Canadá, EE.UU. y Latinioamérica, así como para otros muchos países que buscan avanzar hacia el objetivo de ciudades con movilidad de emisiones cero. 
 
El uso compartido de bicicletas mediante estaciones de autoservicio, se considera un modo de transporte activo. Logra que los usuarios realicen una actividad física en los desplazamientos cortos al mismo tiempo que reduce el impacto de las emisiones de carbono de los viajes. Los efectos sobre la salud de la implantación de un programa de bicicletas compartidas son claros: permite un transporte asequible y saludable, al tiempo que reduce la huella medioambiental de las poblaciones urbanas durante sus desplazamientos diarios.  
 
La cultura del ciclismo y las ciudades amigas de la bicicleta no son conceptos nuevos, ¿verdad? Sin embargo, parece que ahora hay más noticias sobre el tema que nunca, sobre todo porque las ventas de bicicletas eléctricas están en máximos históricos y los operadores de bicicletas compartidas informan de un número récord de usuarios mes a mes. 

Entonces, ¿por qué el uso compartido de la bicicleta es un movimiento de rápido crecimiento en todo el mundo?

Según datos de la ONU, el mundo se está urbanizando a un ritmo acelerado y más de la mitad de la población mundial vive ya en zonas urbanas. De hecho, según sus previsiones, las zonas urbanizadas seguirán aumentando en todo el mundo, pasando de un tercio en 1950 a dos tercios en 2050.  El desarrollo sostenible, tanto de las ciudades existentes como de las zonas en desarrollo, depende de una gestión adecuada de las infraestructuras urbanas. Aún no podemos volar a Marte!. Los gobiernos reconocen la urgencia de abordar este debate mediante un sólido plan urbano centrado en la escalabilidad a largo plazo. 
 
El elemento central de la infraestructura urbana es sin duda el transporte. No es ningún secreto que, a la cabeza de los actuales retos de sostenibilidad global, seguimos escuchando los mismos debates sobre los coches de gas frente a los eléctricos, la accesibilidad de las carreteras, el transporte público frente a los vehículos privados e incluso el límite de vehículos por hogar en algunas ciudades. El debate en torno a la gestión de la creciente urbanización y modernización de las principales ciudades está en plena actualidad. 

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El tráfico rodado se asocia directamente con riesgos como la contaminación del aire, la falta de accesibilidad para todos y la seguridad.  Aunque en los últimos años se han introducido una serie de medidas para hacer frente a estas preocupaciones, como la restricción del uso del coche con la popularización de prácticas como las llamadas  y la aplicación de soluciones de viaje compartido como Uber, Lyft y Careem como ejemplos principales, ya existe una solución probada. La cultura de la bicicleta hace tiempo que se ha convertido en parte integral de la infraestructura de transporte en lugares como los Países Bajos, lo que demuestra no sólo que puede funcionar, sino que de hecho lo hace. 
 
Una encuesta realizada en los 28 Estados miembros la UE, reveló que el viaje diario más frecuente se hacía en coche. Mientras que sólo uno de cada 5 encuestados que viven en una zona urbana optó por el transporte público. La bicicleta y los desplazamientos a pie sumaban un 16% a nivel mundial, mientras que en el norte de Europa era una opción de transporte mucho más popular. En EE.UU, un estudio reveló que la distancia media de un viaje en coche era de 5,95 millas (y el 95% de los viajes en zonas rurales seguían siendo inferiores a 50 millas).
 
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No existe ninguna solución más ecológica que la bicicleta, cuya popularidad para los desplazamientos de corta distancia hace ya tiempo que crece de forma constante. Siendo realistas, coger una bicicleta permite evitar los atascos en las carreteras y puede ser una forma segura y fácil de desplazarse si tu ciudad tiene la infraestructura adecuada para ello (es decir, carriles bici y calles aptas para las bicicletas con tráfico restringido). El uso compartido de la bicicleta es, por tanto, la evolución natural de esta solución. 
 
Mediante la implantación de un programa de bicicletas compartidas, se evita tener que lidiar con la logística de dónde dejar la bicicleta al llegar a su destino o tener que preocuparse por ella después. Los programas de alquiler de bicicletas compartidas son tan sencillos como recoger la bicicleta en una de las muchas estaciones seleccionadas en su punto de partida, montar en ella y dejarla en uno de los numerosos puntos existentes en la ciudad. Las bicicletas compartidas suelen funcionar con estaciones automatizadas, por lo que no hay que preocuparse por el proceso de devolución. 
 
Hoy en día, los sistemas de bicicletas compartidas también ofrecen bicicletas eléctricas con pedaleo asistido en muchas ciudades, para que no haya que sudar para llegar al trabajo por la mañana si se decide usar una de ellas.  

¿Cuáles son los beneficios para la salud del uso de bicicletas compartidas?

Los programas de bicicletas compartidas proporcionan un gran número de beneficios sociales, económicos y sanitarios, como: Transporte flexible, reducción de las emisiones de los vehículos, disminución de la congestión vial, desplazamientos diarios asequibles y facilidad de acceso. Pero los beneficios para la salud del uso compartido de la bicicleta son impresionantes. 

1- La micromovilidad ahorra dinero a la sanidad pública 

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Un reciente estudio de la Universidad del Estado de Colorado, en EE.UU., constató que la implantación de sistemas de bicicletas compartidas ha supuesto una reducción de 4,7 muertes prematuras, 737 AVAD (años de vida ajustados por discapacidad) y 36 millones de dólares (USD) de impacto económico en la salud al año. Existen diversas razones que explican estos resultados, como el hecho de que el uso de la bicicleta provoca muchos menos accidentes de tráfico que los coches. Sin embargo, la principal explicación de los resultados es tan obvio como poco mencionado: el aumento de la actividad física.  

2- Los programas de bicicletas compartidas fomentan la actividad física  

"Si condujera un coche y se pasara a la bicicleta, esos 10 minutos de ida y vuelta al día serían una muy importantes", según el Dr. Robert Oppliger, fisiólogo del ejercicio del Colegio Americano de Medicina del Deporte. Según el CDC, se recomienda un mínimo de 30 minutos de ejercicio al día, 5 días a la semana, para llevar una vida sana. Ir en bicicleta a diario para recorrer distancias cortas puede ayudar a alcanzar esta meta rápidamente. Al dotar a las zonas urbanas de estaciones de bicicletas compartidas fáciles de usar y de acceso frecuente, ciudades como París, Dubai, Londres o Toronto están fomentando activamente la actividad física de la forma más práctica posible. 

"¿Sigo haciendo ejercicio si utilizo una e-bike?"  

La respuesta corta es: absolutamente. Se podría pensar que, al no estar sudando, el tiempo utilizando la e-bike no cuenta como ejercicio. Sin embargo, la verdad es muy diferente. Un reciente estudio concluyó que, aunque se requiere menos fuerza física que en una bicicleta no eléctrica debido a la asistencia al pedaleo, las bicicletas eléctricas siguen proporcionando un nivel de ejercicio de intensidad suficiente para cumplir con lo que recomiendan los expertos en salud para reducir el riesgo de enfermedades graves.  

3- El éxito del uso compartido de la bicicleta favorece una alternativa más segura y activa al coche

Los programas de bicicletas compartidas, cuando se aplican con éxito, pueden animar a nuevos grupos demográficos que habitan en las ciudades a empezar a desplazarse en bicicleta hacia y desde el trabajo, para tareas y distancias cortas, ofreciéndoles una experiencia divertida, segura y positiva. En ciudades como Montreal, donde PBSC Urban Solutions implantó por primera vez sus sistemas con el exitoso BIXI, el uso compartido de la bicicleta ha explotado desde su creación hace más de una década. 

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¿Qué es lo que ha hecho que el sistema de bicicletas compartidas BIXI tenga éxito? Nuestra experiencia en el uso compartido de bicicletas en Montreal ha funcionado de forma coherente con los objetivos de la ciudad y las necesidades de su población urbana. Hoy, nuestro primer modelo de bicicletas, la PBSC ICONIC, sigue rodando por las calles después de todos estos años de desgaste. Esa solidez en la calidad de las bicicletas y la sensación de seguridad han tenido mucho que ver con su éxito actual, ya que la ciudad ha pasado a añadir ebikes y más estaciones inteligentes. 

El mundo asiste a un aumento de la demanda de transporte alternativo

Lo más importante que hay que tener en cuenta a la hora de considerar alternativas de transporte es garantizar la infraestructura adecuada para atender a su población. El futuro de la movilidad sostenible pasa por su comodidad. La implantación de un sistema de bicicletas compartidas sólo funciona si cumple una serie de criterios, como: 

  • Las bicicletas son robustas y los usuarios se sienten seguros al conducirlas 
  • Hay estaciones de carga en zonas clave de la ciudad. 
  • Se fomentan los desplazamientos activos con zonas restringidas a los coches y "calles lentas" o carriles bici
  • El sistema de bicicletas compartidas se adapta a la ciudad (por ejemplo, las bicicletas eléctricas son populares en ciudades con numerosas cuestas que podrían desanimar al ciclista medio)
  • El sistema de bicicletas compartidas funciona de forma cohesionada con los sistemas de transporte público (aprovechando las aplicaciones multimodales, por ejemplo, MaaS para ofrecer a los usuarios una experiencia ágil) 

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